Estos días he despertado con ganas de no comer nada nunca más. Pero llego a la escuela y mi amiga (la que tiene desórdenes alimenticios) me dice:
Amiga:¿ Te está yendo bien?
Yo: Sí, no tengo ganas de nada. (con esto, entre nosotras entendemos que no quiero comer)
Amiga: A mi me está yendo pésimo, tengo mucha ansiedad. ¿No tienes hambre?
Yo: No, nadita
Amiga: Es que a mi se me antojaba ir por un pan o por tamales, no sé. ¿A dónde vamos?¿No quieres comer nada?
Yo: Pues no se me antoja nada
Amiga: Ahh ¿entonces no quieres comer?
(se supone que aquí es cuando debería decir que no quiero)
Yo: Pues sí, si tú quieres vamos a comer algo.
(Y nos vamos a comer...)
Es que cuando me mira con cara de "comamos, por favor" no me puedo resisitir, siento como que debo estar con ella y llego a ser tan solidaria que pienso que si a ella le va mal, a mi me tiene que ir mal también. Me parece que es más bien un pretexto que pongo para comer y comer.
Lo peor de todo es que cuando ella por fin retoma el control yo ya no puedo parar, no puedo dejar de comer y ella ya está bien. Evito sabotear sus planes y no le digo que comamos, reservo mis atracones para mi sola en casa.
Y ahora es cuando recuerdo la forma en que supimos que las dos teníamos un desorden alimenticio (o varios).
Cuando nos conocimos y empezamos a platicar ella de repente sacaba a la plática el vomitar la comida. Decía cosas como. "¿Te atreverías a venir con falda a la escuela? ¿Te atreverías a cortarte el pelo muy muy corto? ¿Te atreverías a vomitar la comida?" Claro que yo siempre negaba eso último. En realidad negaba todo, preguntaba muchas cosas sin sentido. Yo creía que lo decía por tonta, pensé que era una de esas obsesionadas con la anorexia y la bulimia porque le parece interesante o algo por el estilo. Un día, después de haber engordado kilos y kilos. Con mis 59 kilotes le dije:
Yo: Ya no soporto, he subido un montón de peso. Quiero bajar, debo hacer algo, voy a hacer lo que sea.
Amiga: ¿Lo que sea?
Yo: Lo que sea (con una gran sonrisa de complicidad y de saber que las dos sabemos que la otra lo sabe).
Amiga: Ven, vamos a platicar.
Empezamos a preguntarnos cosas, a platicarnos cómo había sido que nos metimos en esta gran porquería de dejar de comer y después atracarnos para luego vomitar. Le conté que había llegado a pesar 51 kilos hacía ya más de medio año y que quería volver a pesar eso y tal vez un afortunado día pesar menos de 50kg. Siempre quise una amiga que viviera esto conmigo. No es que quisiera enfermar a alguien, sino conocer a alguien que ya esté enfermo. Es un apoyo grandísimo tener a alguien que te entiende y tiene los mismos complejos e ideas tontas.
En otros temas. No sé cuánto peso, me pesaré el sábado y lo escribiré en el blog. Espero pesar menos de 50kg, quiero un 49 ¡¡por favor!!