Suelo pensar que el dolor tiene cierta sofisticación. Hay
algo artístico en el sufrimiento. Ha sido inspiración para obras de arte. Quizá
estoy impregnada de él hasta los huesos, tanto que siento necesitarlo. Tanto
que siento regresar a mi lugar cuando comienzo a sufrir. Existirá en
mí, supongo, cierta dependencia a hundirme en mis adentros y nadar entre mis pensamientos
más negativos. Tal vez me siento vacía cuando no siento nada, no entiendo cómo
ser feliz genuinamente. No encuentro la manera de saberme estable, sin querer
volver a este estado de ánimo. Definitivamente no quiero sufrir; pero tengo que aceptar que, a veces, prefiero quedarme aquí.
