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jueves, 8 de febrero de 2018

Lo deseo con todas mis fuerzas

Estos días me he sentido bastante nerviosa porque empecé (de nuevo) con un régimen para bajar de peso. Lo he intentado infinidad de veces y mi peso va en aumento invariablemente. Este último año aumenté diez kilos. Treinta kilos desde mi peso más bajo en 2011. No siento que sea la misma persona, me recuerdo como una adolescente ingenua y hasta un poco inmadura. Aunque, ahora que he leído algunas cosas que escribía en ese momento, me doy cuenta que siempre estuve muy consciente de la vida y lo que yo representaba en ella, sobre todo en los tiempos de depresión.

Volviendo al nerviosismo, tengo una oportunidad de oro en mis manos. Se trata de un medicamento relativamente nuevo, que se usa como coadyuvante con dieta y ejercicio para bajar de peso. Tiene un efecto similar al de las anfetaminas y provoca que se pierda el apetito por completo. En otro momento de mi vida no habría dudado y lo tomaría sin pensarlo dos veces, pero esta vez es diferente, sinceramente me da mucho miedo confiarme y después ganar el peso perdido o incluso más; además, me fue un poco mal con los efectos adversos de un antidepresivo. Así que me lo tomo con cautela y un poco de preocupación, pero siento que tengo los suficientes motivos para arriesgarme:


1)Ahora que he subido tanto de peso he sentido algunos cambios hormonales que me preocupan; mi menstruación es completamente diferente, siempre he tenido ciclos de 32 a 34 días, que considero normales, pero he tenido unos 4 períodos donde tengo días con sangrado marrón antes de mi menstruación normal. Además tengo la piel y el cuero cabelludo más grasoso, al punto de tener caspa.

2)Este año al cumplir los 25 años tengo que realizarme mi primera mamografía, puesto que mi riesgo de cáncer de mama es alto por tener el antecedente de mi madre con cáncer de mama a los 30 años (algo muy poco usual, que se relaciona con mutaciones genéticas y suele ser hereditario). El ginecólogo me recomendó perder peso para disminuir mis factores de riesgo.


3) He logrado tener mejores hábitos alimenticios, siempre como muchas frutas y verduras, evito las cosas fritas y tomo mucha agua. Además me inscribí a un club de boxeo donde hago dos horas de ejercicio 3 o 4 veces por semana. Este último suena muy bien, si no fuera porque tengo mucha ansiedad que me provoca comer carbohidratos como si no hubiera un mañana. 

Estoy deseando con todas mis fuerzas que esta vez todo funcione, aunque, viendo las cosas en retrospectiva, he iniciado infinidad de dietas desde hace años y lo único que consigo es tener más ansiedad y subir de peso. A pesar de todo siento una lucecita dentro de mí, que me dice que puedo ser diferente esta vez y que todo va a mejorar.

Hoy es mi tercer día con el medicamento, me he sentido relativamente bien y sin hambre. El primer día me causó dolor de cabeza toda la noche, que no me dejó dormir. El segundo día me sentí bien. Hoy tengo las manos temblorosas y tuve dolor de cabeza. Hice un plan a 12 semanas (el tiempo máximo que se debe usar el medicamento), con el peso que debería ir alcanzando diario. Espero, ruego, pido, imploro, que esta vez sí funcione.



lunes, 6 de noviembre de 2017

Vida paralela

Siempre me pregunto cómo sería la vida si mi cerebro funcionara de la manera correcta. Me imagino siendo normal, pasando el tiempo libre sin pensar demasiado, sin este vacío comiéndome por dentro. Quizá alguien me pueda entender; es un dolor en el pecho que te hace querer doblarte y cubrirte con tu cuerpo, mientras en tu cerebro encuentras el universo revuelto, con el planeta muy lejos de tus pies, unas ganas inmensas de quedarte donde estás, porque, aunque estás sufriendo, no quieres moverte ya.

Sin duda estoy pasando por los mejores días de mi vida "real" por decirlo de alguna manera. Pero siempre tengo esta sombra tras de mí, y una doble vida con esta parte de mí que solamente encuentro cuando estoy sola. Qué oportunista.


miércoles, 4 de octubre de 2017

Dependencia

Suelo pensar que el dolor tiene cierta sofisticación. Hay algo artístico en el sufrimiento. Ha sido inspiración para obras de arte. Quizá estoy impregnada de él hasta los huesos, tanto que siento necesitarlo. Tanto que siento regresar a mi lugar cuando comienzo a sufrir. Existirá en mí, supongo, cierta dependencia a hundirme en mis adentros y nadar entre mis pensamientos más negativos. Tal vez me siento vacía cuando no siento nada, no entiendo cómo ser feliz genuinamente. No encuentro la manera de saberme estable, sin querer volver a este estado de ánimo. Definitivamente no quiero sufrir; pero tengo que aceptar que, a veces, prefiero quedarme aquí.

lunes, 15 de febrero de 2016

de familia

...cómo todo puede empezar mal, cuándo se predice que serás una persona con dificultades en la vida, desde que tu mamá muere y tu papá es alcohólico, estás sola, te sientes pequeña, normalmente eres una niña feliz, pero sabes que eres diferente, que algo le falta a tu vida, hay un vacío en todo lo que haces, en la forma en que te sientes. Siempre hay palabras sin decir, te quedas con dudas, te quedas con recuerdos para ti, que si te preguntan prefieres negárselo, para no lastimarlos, piensas que es mejor quedarte callada para no herir, para que no sufra nadie más.

Jamás has hablado de ese vacío, quizá de esa manera empezó todo. Nunca preguntabas el porqué de las cosas, eras tímida cuando se trataba de demostrar tus inquietudes, no te atrevías a hablar del cuerpo de las mujeres, ni de las veces que no te aguantabas la pipí, en tu casa no se habla de la muerte de tu madre, ni del alcoholismo de tu papá, no se habla de sufrimiento ni se demuestra afecto, de extrañar personas o de romance, son como seres humanos sin sentimientos ante los demás, aunque sean hermanos, aunque sean padre e hija.

Pensaba cómo puedes esperar tanto de alguien, cómo esperas que te rescate, que de alguna manera sepa cómo te sientes y entienda tu manera de pedir ayuda, que comprenda que dejar de comer es una manera de dejar de sentir. Cómo es que puedes pasar toda la adolescencia flaqueando en tus ganas de vivir, adelgazando a veces por vanidad y otras veces porque sentías que desaparecías y se terminaban todos tus problemas. Esperabas mucho de un adulto, de tu padre, que estaba más aturdido que tú, pero no lo sabías. Te das cuenta ahora, cuando escribes, que no es egoísmo, es sufrimiento. A veces te sentías tan sola, que odiabas a todos por no estar contigo. Tampoco ha sido tu culpa no estar con ellos, han aprendido a sufrir en silencio, por separado y mirarse entre ustedes con los ojos ya despejados, como el cielo después de la lluvia, con la tranquilidad después de llorar.

No es que nadie supiera entenderte, no se trata de ti, se trata de un grupo de personas heridas, como ratones ciegos, que no saben cómo cuidar al otro. Te das cuenta, ahora que estás a solas que siempre comprendes a todos, excepto a ellos. Lloras de recordar tu dolor, pero ya no con el resentimiento de antes. Comprendes que ese vacío en el pecho y en la vida, ha estado ahí también para ellos, como una mancha negra en el pecho de cada uno, una marca casi de nacimiento, de familia se podría decir.



miércoles, 27 de mayo de 2015

¿Será para siempre?

Me cuesta mucho soportar mi humor en las vacaciones, me siento cansada todo el tiempo, peor que en tiempo de clases, no quiero despertar, mucho menos ver la hora y saber que he desperdiciado todo el día durmiendo, sabiendo que tengo cosas qué hacer para inscribirme al internado que comienza en julio.
A veces pienso que es algo que viene con nosotros, un estado de ánimo base determinado por los primeros años, los primeros recuerdos o las primeras tragedias. Siempre supe que era diferente a los demás, desde la composición de mi familia por nadie más que mi papá y mi hermano, además del pasado triste del que nunca podemos hablar y el cáncer que mató a mi mamá. Es por eso que cuando no tengo algo que me distraiga vuelvo aquí, a sentirme sola, pequeña y con mucho dolor, por dentro y por fuera, me duelen las rodillas, la cabeza, los hombros, los ojos y las muñecas, también el alma o no sé si es la vida, pero hay algo que no me deja estar tranquila, que me ahoga por dentro y me hace sentirme cómoda en este estado, como si fuera parte de mí, escuchando música triste que me hunde más en la miseria, en la tristeza y en el querer dejar de respirar y desaparecer para siempre. He dejado de desear morirme solo porque últimamente me da miedo pensar en los funerales. Y es siempre aquí cuando me pregunto quién soy y qué quiero ser, veo mujeres fuertes y me identifico con ellas, con su madurez que yo adquirí mucho antes que cualquier otro niño de mi edad. Quiero ser bonita, casualmente de las mujeres a las que admiro y he querido ninguna ha sido flaca, pero yo quiero ser la versión flaca de todas ellas, más bonita, más fuerte, más sonriente, más feliz.

¿Cuándo llegará el día en que grite a los cuatro vientos como me siento? ¿Cuándo dejaré de esconderme para escribir lo que pasa por mi mente? A veces me da vergüenza mi forma de escribir, ni siquiera tengo un estilo propio o una coherencia que me distinga de los demás, escribo solo así, usando palabras que cuando las vuelvo a leer me suenan tontas, usando frases que suenan a quejas de adolescente, pero es lo más que me da mi cerebro, a pesar de que me gusta tanto leer no puedo redactar algo que me haga sentir contenta con el resultado.

PD. No soy yo, pero sus estrías son iguales a las mías :)

lunes, 9 de marzo de 2015

Una nueva vida

Pensaba en comer, en no comer, en bajar de peso, en calorías, en mi figura, en que se me vea bien la ropa, en que mi cara se ve demacrada, en que no tomo suficiente agua, en lo bien que se siente bajar de peso. Mi vida giraba alrededor de eso, mi humor, mis metas y mis ganas de vivir dependían de los kilogramos que marcara la báscula ese día. Pero siempre hay algo en tu vida que te hace abrir los ojos, a veces a tiempo, como en mi caso, ahora disfruto la vida, he cambiado muchas cosas, me deprimo menos y sé que si hace 4 años estuviera leyendo esto pensaría en que esta entrada feliz iba a terminar con un "encontré la dieta perfecta, hago ejercicio y me acepto con mis 50kg". La verdad es que no tiene que ver con la comida, tiene que ver con resolver el resto de los problemas, la causa de las cosas, y no digo que volví al pasado a evitar tener baja autoestima, sino que acepté mi vida, así como es, porque es buena y no tengo por qué vivir llorando y tan triste como antes lo hacía.
No sé bien cómo explicarlo, las cosas se irán dando solas, por lo pronto doy señales de vida, estoy bien, mucho más que bien, espero encontrar todavía a alguien por aquí, sobre todo espero ver historias felices y dietas rotas por estar acompañadas de alguien importante.

PD. 65.8 kg con ropa + mil litros de agua.
PD2. Sigo monitorizando mi peso porque aún tengo sobrepeso y me gustaría estar más sana.
PD3. Confieso que a veces, pasan por mi mente recuerdos de huesitos, delgadez, tallas chicas y poca comida que me hacen sonreír, la diferencia es que ahora son solo recuerdos y pienso dejarlo en eso.
Ya sé que no tiene sentido que toda la vida tapé mi cara de las fotos y ahora subo una foto con mi cara, siento que ya no tengo nada que temer :).  (foto de año nuevo 20015)

lunes, 23 de diciembre de 2013

Cuando una foto tuya te pone los pies sobre la tierra...

Me siento atrapada en este cuerpo, ni siquiera me imagino que algún día cambiará. En algún momento estuve a punto de aceptarme de esta manera porque tengo demasiado amor propio como para ver mis defectos. Cada que mi peso aumentaba calculaba mi IMC y dejé de calcularlo cuando pasó de 25, que indica que tengo sobrepeso. 

Pasar de un IMC de 18.5 a uno mayor a 25 no ha sido tan difícil como suena. En este tiempo mi vida ha tenido grandes cambios para bien, estudiar la carrera de medicina me ha traido muchas satisfacciones, además las personas a las que he conocido y la ropa que he comprado me mantienen de buen ánimo. Creo que lo que más me ha ayudado a continuar ha sido no pensar. Entre más peso fui ganando más fácil se mehacía olvidarme de mis metas y de lo bien que se siente adelgazar, entre más tiempo pasaba me sentía menos obsesionada y menos presionada, tal vez más libre. Existió algún punto en el que no comía compulsivamente; desayunaba, comía y cenaba tranquilamente, conservando mi peso porque no intentaba que la comida fuera sana. Simplemente no pensaba.

Pero ha llegado el punto en que tengo que volver a poner los pies sobre la tierra. Coincido con mis familiares y amigos en que, cuando estaba delgada me veía demasiado demacrada, mi cara es delgada y cuando adelgazo me veo mal. Quiero buscar un peso en el que mi cuerpo luzca bien, o al menos con un IMC sano y mi cara no parezca de muerta, no tengo intenciones de asustar a nadie.

He estado muy reflexiva desde ayer y he pensado todo esto a partir de que me probé un bikini y me tomé algunas fotos. Después de ver mis fotos en la computadora no podía creerlo, comencé a llorar y solamente pude dejar de hacerlo cuando me quedé dormida.

La gorda soy yo actualmente, la otra era yo, con 47- 48kg.
 

FIN.