A petición del público seguiré con mi entrada anterior xD
No entendía por qué si me odiaba tanto no podía matarme, los últimos días lo único que me había mantenido respirando sin sentir que me quemaba era pensar “pero es la última vez que voy a llorar” o “no falta mucho, ya todo va a estar bien”. Y ya, me fui a mi cuarto toda fracasada, con mi cinta canela que me iba a servir para sellar todo bien y que no se escapara nada de gas por alguna ranurita. Y me dije que ya no podía estar así, que hiciera algo YA, que si no podía matarme, entonces iba a vivir, pero vivir bien y que no iba a estar soportando sentirme así. Me imaginaba mi vida toda patética, llorando mientras no miraban y fingiendo ser feliz, al principio ese era mi plan, pero me di cuenta de que no funcionaría, porque ya no se trataba de los demás, se trataba de mí. Entonces empecé a pasar –tiempo conmigo- pero no de ese tiempo en que estás en la computadora jugando tetris o haciendo cualquier cosa en internet. Me empecé a conocer, a saber todo de mí, a dejar de echarme la culpa por las cosas que pasaban, porque no era mi culpa. Empecé a mirarme al espejo y pensé en decirme que me quería mientras me miraba, pero no podía, porque sentía que era la cosa más fea del mundo, por dentro y por fuera. Y poco a poco me vi un poco más y más, hasta llegar al punto de no llorar mientras me veía, luego empecé a “acostumbrarme” a mí, ahora cuando me veía me reconocía y sabía que –esa era yo- y que era lo único que tenía, porque no había nadie ahí para ayudarme (y es verdad, no había nadie, no es de esas veces en que te sientes sola, pero hay como mil personas que te quieren, estaba toda sola). Y recuerdo un día en que sonreí frente al espejo para ver cómo era sonriendo, y me sentí tannn bonita, me di cuenta que no era un monstruo y empecé a llorar, pero esta vez no era de tristeza, era de sentirme bien con lo que soy, aunque sea por un momento, me sentía aliviada y pude respirar profundo, y seguir sonriendo. Y llegó el punto en que me conocía un montón, sabía lo que me gustaba, lo que no, sabía lo que quería y cuál era mi objetivo, quería ser feliz. Dejé de sentirme atada al suelo, ya no me pesaba caminar, me veía al espejo y me sonreía para sentirme bonita, y aunque sabía que no era –la más hermosa del mundo-, estaba simpaticona y para mi, siempre sería la más linda de todas, porque era YO. Luego ya no quería dejar de verme al espejo, quería sentirme conmigo y platicarme cosas, y me pedí perdón por haberme tratado tan mal, me dije que no era una mierda, y que no volvería a tratarme de esa forma, porque no lo merecía. Todo el tiempo me decía que me quería, y me abrazaba en el espejo (loca jajaja). Y ya, empecé a ver todo de una forma súper diferente, ya no me sentía culpable de todo, porque no lo era! Empecé a cambiar lo que estaba en mis manos y a dejar fluir lo que no podía cambiar. Ahora veía a todas esas personas que me hicieron daño y ya no sentía siquiera odio por ellas, era más bien lástima, porque sabía que al final dañarían a todos a su alrededor y porque sabía que ninguno de ellos había llegado al punto en que yo llegué conmigo. Y llegué a la conclusión de que soy superior, pero no por eso trataría a nadie como inferior, sólo yo y yo sabemos lo superiores y orgullosas que nos sentimos de ser Valentina.

Pfff... que bonito.
ResponderEliminarLo mío fue algo parecido, pero no es tan estable. Me quiero peor es complicado :)
Un beso y gracias!